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| Libro de Zenón Depaz sobre cosmovisión andina |
“Una característica relevante de la cosmovisión
andina es su valoración positiva de la diversidad, la cual cultivó
deliberadamente”
Entrevista a Zenón Depaz Toledo, docente del
Departamento de Filosofía de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de
Lima, Perú
Por: Guido Mendoza Fantinato
Zenón
Depaz Toledo es un destacado filósofo peruano que investiga la tradición
hermenéutica en filosofía, el pensamiento peruano y latinoamericano, así como
los presupuestos ontológicos de la Civilización Andina. También es un destacado
investigador en temas relativos a la educación superior.
Ha
publicado trabajos sobre interculturalidad, los horizontes de sentido en el
mundo andino, el pensamiento de José Carlos Mariátegui, Gamaliel Churata y
Efraín Miranda, entre otros, así como investigaciones sobre la situación de la
universidad en el Perú. Recientemente publicó su último trabajo: “La
cosmovisión andina en el Manuscrito de Huarochirí”, que contiene importantes
aproximaciones hacia al entendimiento de la milenaria cosmovisión andina a
partir de este documento redactado a fines del siglo XVI, en las primeras
épocas de la dominación colonial española.
En
esta entrevista, Depaz Toledo nos brinda importantes alcances sobre los
contenidos de la cosmovisión andina y el significado de su visión
cosmocéntrica, vinculándola con los resultados de su reciente investigación
sobre el Manuscrito de Huarochirí. También comparte con los lectores
interesantes reflexiones sobre la llegada europea a territorio andino a partir
del siglo XVI y lo que este hecho significó en el contexto del largo desarrollo
de la Civilización Andina.
¿Cómo podrías definir las bases conceptuales de la
milenaria cosmovisión andina?
Creo
que, efectivamente, es pertinente hablar de una cosmovisión andina, como
referencia a un modo de situarse en el mundo, a una sensibilidad característica
de los pueblos que, en esta parte del mundo, dieron forma a la civilización
andina y sostienen aún su curso. Cabe notar que la experiencia humana siempre
se sostiene en un conjunto de creencias compartidas con el grupo social del que
hace parte. Una civilización provee a sus integrantes creencias de diverso
alcance, que constituyen una suerte de horizonte de sentido de la acción. Pero,
precisamente porque se trata de un horizonte, no es posible visualizarlo
plenamente, escapa a una conceptualización, si entendemos por concepto un
término cuyo rango de significación es cerrado, claramente abarcable.
¿Cuáles podrían ser sus elementos o características
más notables?
Si
hubiera que señalar alguna característica saltante de la cosmovisión andina,
creo que bien podría ser la percepción de la realidad como una totalidad
emergente que se sostiene en la conversación y crianza mutua de todos sus
componentes.
Algunos autores enfatizan la importancia de entender
la concepción cosmocéntrica del pensamiento andino ancestral como punto de
partida para comprender la enorme diferencia existente con respecto a la visión
antropocéntrica desarrollada por otras civilizaciones del planeta. ¿Cómo
analizas este asunto a la luz de tus investigaciones?
Ciertamente,
se trata de un tipo de experiencia que tiende a situarse en un horizonte
cósmico, con raíces en el cosmos, en términos de parentesco con todos los demás
seres. Se trata de una sensibilidad que, por otra parte, ha sido característica
de la mayor parte de culturas producidas por la humanidad. El antropocentrismo
es relativamente reciente y aparece acentuado en la cultura moderna.
¿Qué nos puedes referir sobre los temas esenciales
abordados en tu última publicación “La cosmovisión andina en el Manuscrito de
Huarochirí”? ¿Por qué has considerado importante analizar este Manuscrito
elaborado casi un siglo después de la llegada europea a territorio andino?
Mi
interés por el Manuscrito de Huarochirí tiene que ver con que es un texto que
por el momento en que fue elaborado (al parecer, a fines del siglo XVI) y la
perspectiva que manifiesta (está escrito en quechua, por un autor anónimo, y
busca deliberadamente dar cuenta de las creencias básicas de los hombres
andinos antes de la llegada de los europeos) provee inmejorables condiciones
para reconstruir la ontología (la concepción del ser) de los hombres andinos,
tema al que, además, hace explícita referencia en uno de sus capítulos cuando
Wiraqocha promete al inca Huayna Capac revelarle su ser.
¿Consideras que las características esenciales de la
cosmovisión andina reflejadas en este Manuscrito pudieron estar marcadas por el
inevitable aislamiento geográfico que hasta hace menos de 500 años tuvo el
mundo andino con relación a otras civilizaciones del planeta?
Entiendo
que no queda claro si hubo efectivamente tal aislamiento. No es inverosímil
suponer contactos con la otra gran civilización americana surgida en
Centroamérica o con culturas como la polinesia, pues hay indicios de ello.
Considero que lo que marca las peculiaridades de la cosmovisión andina es
precisamente lo peculiar del espacio andino: su notable diversidad física,
biológica y cultural. De allí que otra característica relevante de la
cosmovisión andina sea su valoración positiva de la diversidad, la cual cultivó
deliberadamente.
Desde el punto de vista de la cosmovisión andina
reflejada en el Manuscrito de Huarochirí, ¿qué significó realmente la llegada
de los europeos a inicios del siglo XVI?
El
impacto sostenido de una civilización sobre otra, como ocurre desde hace medio
milenio con la irrupción de Occidente en el mundo andino, produce
inevitablemente préstamos y asimilaciones mutuas, pues una civilización es un
conjunto orgánico y como todo organismo incorpora elementos exógenos y los va
asimilando a la propia matriz.
En
el caso de la civilización andina ello ocurre con mayor razón, por cuanto una
tendencia que le es característica es la valoración positiva de la diversidad.
Elementos centrales de la cosmovisión occidental fueron asimilados por el mundo
andino, incluyendo elementos ontológicamente claves como son aquellos que
conciernen a su concepción de lo sagrado.
Así,
Cristo se asimila a las huacas (es el caso del Señor de los Milagros o Cristo
de Pachacamilla, que es un avatar de Pachakamaq Pacha kuyuchiq –el que mueve o
hace temblar el mundo-, cuyo culto se afirma y expande teniendo como
catalizador grandes movimientos telúricos -cosa que ocurre también con el Señor
de Los Temblores, del Cusco-, o de múltiples señores como el Señor Cautivo de
Ayabaca, el de Qoyllu R´ity, de Cachuy, etc., etc.) o es el caso aún más
relevante de la asimilación de la Virgen María a la Pachamama, tal como aparece
visible en diversos cultos andinos, o el de la asimilación del alma o ánima
occidental al Kama andino, bajo denominaciones castellanas como el “ánimo” que
se pierde con el susto y el curandero restituye.
¿Consideras que el contacto con la civilización
occidental produjo cambios importantes en la ancestral cosmovisión andina?
En
el Manuscrito de Huarochirí hay un interesante pasaje en que los sacerdotes de
Pariaqaqa, una vez se supo de la llegada de los españoles, deciden dispersarse.
Ello parece aludir a una estrategia civilizatoria de larga data que ha dado
curso a ciclos sucesivos de dispersión y unificación (los horizontes
panandinos: Chavín, Wari Tiwanaku e Inka, cada uno de ellos seguido de reinos
regionales y locales), en los cuales la dispersión permitía enriquecer la
diversidad.
La
decisión de dispersarse ante la irrupción de Occidente bien podría estar dando
cuenta del inicio de un largo proceso (pues se trata de la irrupción de un
horizonte de sentido muy diferente) conducente a asimilar en el largo tiempo
los elementos básicos de esa otra civilización, integrándolos a la diversidad
característica del mundo andino, tal como ocurre ya, por ejemplo, con la
culinaria o la música.
A partir de la propia cosmovisión andina, ¿cómo se
asume ahora ser parte de un contexto planetario distinto al imaginado durante
milenios?
Quizás
no sea tan distinto en lo sustantivo a lo imaginado antes, puesto que el
proceso de globalización en curso está instalando la conciencia de que
habitamos un mundo caracterizado por la diversidad y la interrelación de lo
diverso, favoreciendo así una mayor sensibilidad con respecto al cuidado y
cultivo de la diversidad. Está instalando, asimismo, una mayor conciencia y
sensibilidad con relación a la precariedad de los vínculos que sostienen la
vida.
Igualmente,
la epistemología (el modo de entender el saber) contemporánea reconoce los
límites del cálculo y la predictibilidad, proyectando un tipo de saber más
dialógico, que se compone de múltiples perspectivas, lo cual se acerca mucho
más al modo en que los pueblos originarios entendieron y practicaron el saber.
Ciertamente,
el mundo contemporáneo se sostiene también de manera decisiva en dispositivos
tecnológicos cuya performance alimenta un proceso de artificialización
creciente; pero la arista más potente de ello, que tiene que ver con la
informática (incluyendo la genética que atiende a los códigos de la vida), nos
acerca otra vez a una sensibilidad para la cual la información fluye por todos
los seres y el mundo mismo es diálogo, vale decir, es la circulación de lo que
los griegos llamaron logos y los hombres andinos kama (de allí la denominación
de la deidad suprema: Pachakamaq: el que dota de kama al mundo o Pacha).
Entendiendo el largo y vigoroso desarrollo de
importantes instituciones políticas, económicas, sociales, jurídicas, etc. en
el mundo andino durante miles de años, ¿es correcto que se señale que lo
ocurrido a partir de 1532 en territorio andino fue una “conquista” por parte de
los monarcas españoles? ¿Cuál sería la mejor definición de lo ocurrido a partir
de la propia cosmovisión andina?
Fue
un Pachakuti, un evento de gran alcance que abre un largo ciclo de dispersión
tras el cual, de acuerdo a la cosmovisión andina, debería sobrevenir (quizás ya
se esté produciendo) un tiempo de amalgama integrando lo nuevo sobrevenido.
¿Podemos hablar realmente de la existencia de una
Civilización Andina que aún pervive hasta nuestros días?
Por
supuesto que pervive, somos sus portadores, discurre a través nuestro, más allá
del grado de conciencia con que ello ocurra. Las civilizaciones son grandes
corrientes que sostienen la vida, aunque discurren ante todo en el nivel del
vínculo, de las relaciones, que suele ser elusivas a la mirada. Sobre todo en
el mundo moderno, que es cosificante y atomizante, tendemos a ver cosas e
individuos, perdiendo de vista que se sostienen en relaciones y que por ello la
relación es tan real como lo relacionado.
¿Cómo ves la evolución y futuro de nuestros idiomas
ancestrales en este proceso?
En
cuanto a los idiomas ancestrales, es evidente que han ido evolucionando como
ocurre con toda lengua. Es muy posible que algunos de ellos experimenten un
proceso de fortalecimiento, como es posible que algunos otros se extingan.
Pero, como saben bien los lingüistas, el lenguaje es ante todo una estructura y
un conjunto de reglas de variación que sostienen el significado de la
experiencia.
En
tal sentido pueden sobrevivir a los tipos particulares de habla que practican
los hombres. Un caso de ello puede ser el del castellano andino de la sierra
norte del Perú, que sirve de soporte a una cultura en que la cosmovisión
ancestral se mantiene muy viva y emerge potente en prácticas como la medicina
tradicional.
¿Cuáles son tus próximos proyectos de investigación?
¿Qué temas analizarás próximamente?
Con
un grupo de amigos interesados en estos temas (el colectivo se denomina Chawpi
Atoq, precisamente en alusión a Huatyacuri, la deidad que en el Manuscrito de
Huarochirí media en el diálogo entre el zorro de arriba y el de abajo) estamos
discutiendo algunos textos que consideramos capitales para comprender la
cosmovisión andina. Ahora estamos leyendo y discutiendo la Nueva Corónica, de
Huamán Poma.
Algunas reflexiones o comentarios finales que desees
compartir con los lectores.
Básicamente
invitarlos a prestar mayor atención al mundo heredado de nuestros antepasados,
que se mantiene vivo, sigue dando soporte a nuestra experiencia en un grado
mayor al que se suele sospechar, y puede proveer una potente plataforma para
llevar adelante el proceso de reconstrucción del tejido social necesario para
el logro de mejores condiciones de vida para todos los peruanos.

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