domingo, 19 de junio de 2016

ZENÓN DEPAZ, el investigador académico. Una entrevista de Guido Mendoza Fantinato

Libro de Zenón Depaz sobre cosmovisión andina 
“Una característica relevante de la cosmovisión andina es su valoración positiva de la diversidad, la cual cultivó deliberadamente”

Entrevista a Zenón Depaz Toledo, docente del Departamento de Filosofía de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima, Perú

Por: Guido Mendoza Fantinato

Zenón Depaz Toledo es un destacado filósofo peruano que investiga la tradición hermenéutica en filosofía, el pensamiento peruano y latinoamericano, así como los presupuestos ontológicos de la Civilización Andina. También es un destacado investigador en temas relativos a la educación superior.
Ha publicado trabajos sobre interculturalidad, los horizontes de sentido en el mundo andino, el pensamiento de José Carlos Mariátegui, Gamaliel Churata y Efraín Miranda, entre otros, así como investigaciones sobre la situación de la universidad en el Perú. Recientemente publicó su último trabajo: “La cosmovisión andina en el Manuscrito de Huarochirí”, que contiene importantes aproximaciones hacia al entendimiento de la milenaria cosmovisión andina a partir de este documento redactado a fines del siglo XVI, en las primeras épocas de la dominación colonial española.

En esta entrevista, Depaz Toledo nos brinda importantes alcances sobre los contenidos de la cosmovisión andina y el significado de su visión cosmocéntrica, vinculándola con los resultados de su reciente investigación sobre el Manuscrito de Huarochirí. También comparte con los lectores interesantes reflexiones sobre la llegada europea a territorio andino a partir del siglo XVI y lo que este hecho significó en el contexto del largo desarrollo de la Civilización Andina.

¿Cómo podrías definir las bases conceptuales de la milenaria cosmovisión andina?
Creo que, efectivamente, es pertinente hablar de una cosmovisión andina, como referencia a un modo de situarse en el mundo, a una sensibilidad característica de los pueblos que, en esta parte del mundo, dieron forma a la civilización andina y sostienen aún su curso. Cabe notar que la experiencia humana siempre se sostiene en un conjunto de creencias compartidas con el grupo social del que hace parte. Una civilización provee a sus integrantes creencias de diverso alcance, que constituyen una suerte de horizonte de sentido de la acción. Pero, precisamente porque se trata de un horizonte, no es posible visualizarlo plenamente, escapa a una conceptualización, si entendemos por concepto un término cuyo rango de significación es cerrado, claramente abarcable.

¿Cuáles podrían ser sus elementos o características más notables?
Si hubiera que señalar alguna característica saltante de la cosmovisión andina, creo que bien podría ser la percepción de la realidad como una totalidad emergente que se sostiene en la conversación y crianza mutua de todos sus componentes.

Algunos autores enfatizan la importancia de entender la concepción cosmocéntrica del pensamiento andino ancestral como punto de partida para comprender la enorme diferencia existente con respecto a la visión antropocéntrica desarrollada por otras civilizaciones del planeta. ¿Cómo analizas este asunto a la luz de tus investigaciones?
Ciertamente, se trata de un tipo de experiencia que tiende a situarse en un horizonte cósmico, con raíces en el cosmos, en términos de parentesco con todos los demás seres. Se trata de una sensibilidad que, por otra parte, ha sido característica de la mayor parte de culturas producidas por la humanidad. El antropocentrismo es relativamente reciente y aparece acentuado en la cultura moderna.

¿Qué nos puedes referir sobre los temas esenciales abordados en tu última publicación “La cosmovisión andina en el Manuscrito de Huarochirí”? ¿Por qué has considerado importante analizar este Manuscrito elaborado casi un siglo después de la llegada europea a territorio andino?
Mi interés por el Manuscrito de Huarochirí tiene que ver con que es un texto que por el momento en que fue elaborado (al parecer, a fines del siglo XVI) y la perspectiva que manifiesta (está escrito en quechua, por un autor anónimo, y busca deliberadamente dar cuenta de las creencias básicas de los hombres andinos antes de la llegada de los europeos) provee inmejorables condiciones para reconstruir la ontología (la concepción del ser) de los hombres andinos, tema al que, además, hace explícita referencia en uno de sus capítulos cuando Wiraqocha promete al inca Huayna Capac revelarle su ser.

¿Consideras que las características esenciales de la cosmovisión andina reflejadas en este Manuscrito pudieron estar marcadas por el inevitable aislamiento geográfico que hasta hace menos de 500 años tuvo el mundo andino con relación a otras civilizaciones del planeta?
Entiendo que no queda claro si hubo efectivamente tal aislamiento. No es inverosímil suponer contactos con la otra gran civilización americana surgida en Centroamérica o con culturas como la polinesia, pues hay indicios de ello. Considero que lo que marca las peculiaridades de la cosmovisión andina es precisamente lo peculiar del espacio andino: su notable diversidad física, biológica y cultural. De allí que otra característica relevante de la cosmovisión andina sea su valoración positiva de la diversidad, la cual cultivó deliberadamente.

Desde el punto de vista de la cosmovisión andina reflejada en el Manuscrito de Huarochirí, ¿qué significó realmente la llegada de los europeos a inicios del siglo XVI?
El impacto sostenido de una civilización sobre otra, como ocurre desde hace medio milenio con la irrupción de Occidente en el mundo andino, produce inevitablemente préstamos y asimilaciones mutuas, pues una civilización es un conjunto orgánico y como todo organismo incorpora elementos exógenos y los va asimilando a la propia matriz.
En el caso de la civilización andina ello ocurre con mayor razón, por cuanto una tendencia que le es característica es la valoración positiva de la diversidad. Elementos centrales de la cosmovisión occidental fueron asimilados por el mundo andino, incluyendo elementos ontológicamente claves como son aquellos que conciernen a su concepción de lo sagrado.
Así, Cristo se asimila a las huacas (es el caso del Señor de los Milagros o Cristo de Pachacamilla, que es un avatar de Pachakamaq Pacha kuyuchiq –el que mueve o hace temblar el mundo-, cuyo culto se afirma y expande teniendo como catalizador grandes movimientos telúricos -cosa que ocurre también con el Señor de Los Temblores, del Cusco-, o de múltiples señores como el Señor Cautivo de Ayabaca, el de Qoyllu R´ity, de Cachuy, etc., etc.) o es el caso aún más relevante de la asimilación de la Virgen María a la Pachamama, tal como aparece visible en diversos cultos andinos, o el de la asimilación del alma o ánima occidental al Kama andino, bajo denominaciones castellanas como el “ánimo” que se pierde con el susto y el curandero restituye.

¿Consideras que el contacto con la civilización occidental produjo cambios importantes en la ancestral cosmovisión andina?
En el Manuscrito de Huarochirí hay un interesante pasaje en que los sacerdotes de Pariaqaqa, una vez se supo de la llegada de los españoles, deciden dispersarse. Ello parece aludir a una estrategia civilizatoria de larga data que ha dado curso a ciclos sucesivos de dispersión y unificación (los horizontes panandinos: Chavín, Wari Tiwanaku e Inka, cada uno de ellos seguido de reinos regionales y locales), en los cuales la dispersión permitía enriquecer la diversidad.
La decisión de dispersarse ante la irrupción de Occidente bien podría estar dando cuenta del inicio de un largo proceso (pues se trata de la irrupción de un horizonte de sentido muy diferente) conducente a asimilar en el largo tiempo los elementos básicos de esa otra civilización, integrándolos a la diversidad característica del mundo andino, tal como ocurre ya, por ejemplo, con la culinaria o la música.

A partir de la propia cosmovisión andina, ¿cómo se asume ahora ser parte de un contexto planetario distinto al imaginado durante milenios?
Quizás no sea tan distinto en lo sustantivo a lo imaginado antes, puesto que el proceso de globalización en curso está instalando la conciencia de que habitamos un mundo caracterizado por la diversidad y la interrelación de lo diverso, favoreciendo así una mayor sensibilidad con respecto al cuidado y cultivo de la diversidad. Está instalando, asimismo, una mayor conciencia y sensibilidad con relación a la precariedad de los vínculos que sostienen la vida.
Igualmente, la epistemología (el modo de entender el saber) contemporánea reconoce los límites del cálculo y la predictibilidad, proyectando un tipo de saber más dialógico, que se compone de múltiples perspectivas, lo cual se acerca mucho más al modo en que los pueblos originarios entendieron y practicaron el saber.
Ciertamente, el mundo contemporáneo se sostiene también de manera decisiva en dispositivos tecnológicos cuya performance alimenta un proceso de artificialización creciente; pero la arista más potente de ello, que tiene que ver con la informática (incluyendo la genética que atiende a los códigos de la vida), nos acerca otra vez a una sensibilidad para la cual la información fluye por todos los seres y el mundo mismo es diálogo, vale decir, es la circulación de lo que los griegos llamaron logos y los hombres andinos kama (de allí la denominación de la deidad suprema: Pachakamaq: el que dota de kama al mundo o Pacha).

Entendiendo el largo y vigoroso desarrollo de importantes instituciones políticas, económicas, sociales, jurídicas, etc. en el mundo andino durante miles de años, ¿es correcto que se señale que lo ocurrido a partir de 1532 en territorio andino fue una “conquista” por parte de los monarcas españoles? ¿Cuál sería la mejor definición de lo ocurrido a partir de la propia cosmovisión andina?
Fue un Pachakuti, un evento de gran alcance que abre un largo ciclo de dispersión tras el cual, de acuerdo a la cosmovisión andina, debería sobrevenir (quizás ya se esté produciendo) un tiempo de amalgama integrando lo nuevo sobrevenido.

¿Podemos hablar realmente de la existencia de una Civilización Andina que aún pervive hasta nuestros días?
Por supuesto que pervive, somos sus portadores, discurre a través nuestro, más allá del grado de conciencia con que ello ocurra. Las civilizaciones son grandes corrientes que sostienen la vida, aunque discurren ante todo en el nivel del vínculo, de las relaciones, que suele ser elusivas a la mirada. Sobre todo en el mundo moderno, que es cosificante y atomizante, tendemos a ver cosas e individuos, perdiendo de vista que se sostienen en relaciones y que por ello la relación es tan real como lo relacionado.

¿Cómo ves la evolución y futuro de nuestros idiomas ancestrales en este proceso?
En cuanto a los idiomas ancestrales, es evidente que han ido evolucionando como ocurre con toda lengua. Es muy posible que algunos de ellos experimenten un proceso de fortalecimiento, como es posible que algunos otros se extingan. Pero, como saben bien los lingüistas, el lenguaje es ante todo una estructura y un conjunto de reglas de variación que sostienen el significado de la experiencia.
En tal sentido pueden sobrevivir a los tipos particulares de habla que practican los hombres. Un caso de ello puede ser el del castellano andino de la sierra norte del Perú, que sirve de soporte a una cultura en que la cosmovisión ancestral se mantiene muy viva y emerge potente en prácticas como la medicina tradicional.

¿Cuáles son tus próximos proyectos de investigación? ¿Qué temas analizarás próximamente?
Con un grupo de amigos interesados en estos temas (el colectivo se denomina Chawpi Atoq, precisamente en alusión a Huatyacuri, la deidad que en el Manuscrito de Huarochirí media en el diálogo entre el zorro de arriba y el de abajo) estamos discutiendo algunos textos que consideramos capitales para comprender la cosmovisión andina. Ahora estamos leyendo y discutiendo la Nueva Corónica, de Huamán Poma.

Algunas reflexiones o comentarios finales que desees compartir con los lectores.

Básicamente invitarlos a prestar mayor atención al mundo heredado de nuestros antepasados, que se mantiene vivo, sigue dando soporte a nuestra experiencia en un grado mayor al que se suele sospechar, y puede proveer una potente plataforma para llevar adelante el proceso de reconstrucción del tejido social necesario para el logro de mejores condiciones de vida para todos los peruanos.

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